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Muñoz, I., Arriaza, B., Aufderheide, A. (1993). Acha-2 y los Origenes del Poblamiento Humano en Arica. (1ª ed., p. 169). Arica: Universidad de Tarapacá.

Autor(es): Iván Muñoz, Bernardo Arriaza, Arthur Aufderheide

Resumen: Desde tiempo prehispánicos antiguos, Arica ha sido un punto de convergencia y comunicaciones entre centros de la costa, altiplano y tierras cálidas orientales, debido a que es un oasis costero en los márgenes del desierto de Atacama. Gracias a la aridez de su desierto, en Arica ocurre una extraordinaria preservación milenaria de restos orgánicos e inorgánicos que permiten descifrar los secretos del pasado. Estos testimonios arqueológicos, únicos en esta región, ofrecen posibilidades inmejorables para el estudio científico de la prehistoria continental y, además, contribuye al desarrollo del turismo regional. Los recientes descubrimientos arqueológicos de la zona, liderados por la Universidad de Tarapacá, indican que el área de Arica remonta sus orígenes humanos a 9.000 años atrás, cuando un grupo de cazadores-recolectores se asentó por primera vez en la zona de confluencia del valle de Azapa y la costa, específicamente en la terraza de Acha. Estos tempranos pobladores desarrollaron una tecnología versátil que les permitió explorar diversos medios de subsistencia, como caza, pesca y recolección. También la variabilidad y abundancia de recursos económicos del medio les facilitó una transición gradual de adaptación a la costa de un buen dominio estratégico del Valle de Azapa. La experimentación tecnológica de subsistencia, junto con la gran variedad de alimentos disponibles fueron los mecanismos que permitieron la continuidad biológica y cultural de estos primeros ariqueños, dando luego origen a las poblaciones locales, las que se expandieron por el litoral nortino creando una fuerte tradición marítima. En la terraza de Acha sus moradores vivieron en chozas circulares y enterraron a sus muertos en mortajas de junquillos. Con el tiempo el ritual mortuorio se vuelve sumamente complejo y los deudos comienzan a momificar artificialmente a sus difuntos, surgiendo así las llamadas “Momias Chinchorro”. Esta compleja forma de concebir el ritual mortuorio por parte de los primeros ariqueños, tal vez como una expresión de continuidad de la vida, sumado a una antigüedad de siete mil años de esta práctica, hacen que el poblamiento arcaico de Arica sea único en lo que corresponde al universo ideológico de los cazadores-recolectores. Sin duda, esta cosmovisión tan particular frente a la muerte, es el reflejo de una fuerte cohesión social del grupo, llegando esta cultura de pescadores, que hoy llamamos Cultura Chinchorro, a perdurar por 3.000 años. Este germen ideológico de pensamiento religioso andino sobre la muerte y la otra vida, que se diluye en el tiempo, debió formar las bases para el imbricado sentimiento religioso de las poblaciones locales posteriores. Hoy día, a 500 años desde que las culturas americanas recibieron el primer impacto de la cultura occidental aún continúan con su propia dinámica de busear respuestas frente a las interrogantes de la vida y se debaten entre la aculturación total y la necesidad de expresar su propia identidad y acervo cultural.

 Referencia: Muñoz, I., Arriaza, B., & Aufderheide, A. (1993). Acha-2 y los Origenes del Poblamiento Humano en Arica. (1ª ed., p. 169). Arica: Universidad de Tarapacá.

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